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Llanto en Montmartre

Llanto en Montmartre A veces siento millones de anzuelos en la sien, y siento como un peso de mil millones de toneladas se posa sobre mi pecho, impidiendome respirar y pensar, dejándome sólamente como un cuerpo aplastado y carcomido por una mente llena de dolor que puede más que el resto de su ser. A veces me siento como un insecto pisoteado por lo que más quiere, y continuamente salando mis heridas, retorciéndome en el dolor, convirtiéndome en dolor...

París no fué una fiesta, no, sentí ese peso sobre mi pecho miles de veces y no era raro verme en el metro, mirándo hacia el suelo aguantando el llanto. Ella me cantó una canción triste y yo la mandé callar. ¿Cómo explicarle que la vida se me va cuando se aleja y que toda tristeza llama a la mía propia? ¿Cómo explicarle que la quiero mientras Ella me deja destrozado cada vez que habla del futuro sin mí, del futuro con otro?.

Y convirtió momentos preciosos en momentos bañados en el dolor, la vulgaridad y el hastío. Sentí mi corazón partirse como en el mejor de los guiones, justo en el segundo piso de la torre Eiffel, y mis ojos se llenaron de lágrimas dos veces, dos, una en la estación de Natión y otra frente al Sagrado Corazón, muy cerca del Moulin Rouge, en pleno corazón de París. Me emborraché con un vendedor de pulseras al que le conté mis penas y volví a llorar sólo, sentado a la puerta del metro de Anvés, mientras la gente pasaba apresurada a mi lado, mirándome sin decirme nada;los llantos son demasiado baratos hoy en día, y el tiempo demasiado valioso para invertirlo en ello. Es igual, ya estoy acostumbrado a llorar en soledad y a aguantar ese tremendo dolor que a veces sus palabras me producen, esos millones de anzuelos clavándose en mi interior una y otra vez más y sentir que esta vez si que estoy jodido, que no tengo escapatoria y que quizá París sea un buen destino para perderme durante unos meses, una ciudad bella, con magia y lejana, algo muy parecido a lo que estaba buscando, y además, tendré siempre un sitio para recordarla, esa torre Eiffel y ese Sagrado Corazón nunca volverán a ser para mí otra cosa que Ella y yo, yo y Ella y un tremendo dolor que dos días después sigue vivo y creciente, salado y espeso, doloroso y dulzón, de esos dolores que te duermen antes de matarte y te quedas pensando si eso es en el fondo hasta bueno porque significa escapar y eso, al fin y al cabo significa ser libre, y también no volver a sufrir más....

Escuchando: (La canción que Ella me cantaba en el metro) [Joaquín Sabina- Con la frente marchita]

P.D.: ¿¿¿Sabes porqué no cantaba contigo???...porqué tenía un nudo en la garganta y estaba apunto de llorar...
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