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5 años

5 años 8 de la tarde. Sábado antes de un jueves de un examen de estos que tristemente ocupan todo mi tiempo. Ordenador, nervios y me salgo de todos los cuadros en los que estoy insertado. No se porque ni como ni lo entiendo, pero te he buscado después de tantos años. Te he buscado y se me ha vuelto a volcar el corazón. Eso significa que nunca te olvidaré tal y como eras y supongo que es bonito.

Sobre tí no podría decir casi nada malo. Te fuiste cuando más te necesitaba. Cuando yo subía tu te agarrabas a mí por si acaso subía demasiado lejos. Nunca olvidaré dçias que pudieron ser memorables y que no lo fueron porque estabas tan pegada a mí que solo podía mover las manos con las que tocaba y el pie con el que pisaba el pedal. Siempre aparecías más tarde, en lo mejor, y luego te ibas dejándome las sobras de lo que podía haber sido inolvidable, ese algo que ya no volverá y que solo se posee cuando por tus venas corre la frescura de los 19 años.

Todavía te veo entre la gente aún sabiendo que no eres tú. Te has ido a León y has puesto tierra de por medio en donde yo debería haberla puesto antes. Cada día que pasaba este verano por debajo de tu ventana te buscaba sin encontrarte. Volvería contigo si las máquinas del tiempo funcionasen. No te dejaría irte así, como te fuiste. Lucharía por tí, lo se...

Ahora, después de 5 años o 6, ya no busco sustitutivos de tus besos. Has desaparecido casi por completo, dejando sólamente ese poso agridulce que dejan las ausencias de quienes están a la vez ausentes y a la vez ahí al lado. El ser humano es así, el mayor donstructor de ausencias. Te fuiste y me fuí, y para tí habré cambiado, y tú para mí no, ese es el problema, te quise demasiado y pensé que con ello podría vencer el tiempo y todo lo que era tu vida y parece que sigue siéndolo. Me revienta pensar quien puede dormir contigo ahora, o a quien le regalas tus besos o quien te hace el amor a sabiendas de que siempre me recordarás como el primero, pero es igual. La vida me ha enseñado que el importante no es el primero, sino el último, y supongo que quizá no sea todo tan malo como lo pinto y que algo me recordarás como esa parte de nuestras vidas en las que todo será recordado años después. Aún conservo un trozo de ese sofá. Aún tengo bien viva y a escasos dos metros de mí, sobre la mesa de mi escritorio esa piruleta que me regalaste en San Valentín y que decía "Te quiero". Nunca me atreví a comerla, a disolverla para siempre porque tanto a ella como a tí os quise hacer eternas. Ella quizá algún día se rompa. Espero que no.

Lo dejamos un enero como este. Ya parece que hace demasiado tiempo...

Tú, creeme, Lucía...

Te has convertido en eterna ya...

Escuchando [Estopa - Como Camarón]...

(Estoy apunto de llorar, y eso en este blog pocas veces me habia pasado...)
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